Le ofreció el cargo varias veces al ex senador por La Pampa Rubén Marín, con la idea de condicionar a los dos senadores de su provincia que podrían desnivelar las votaciones en la Cámara alta, y hasta definir la suerte del Fondo del Bicentenario. Pese a la negativa, ni la asunción de un nuevo presidente uruguayo ni el conflicto latente por las papeleras fueron motivo para buscar otro candidato.
La urgencia por conseguir la mayoría de los votos del Senado llevó al Gobierno a dejar acéfala la Embajada de Uruguay, donde ni siquiera el arribo de un nuevo presidente o el incesante conflicto por las papeleras aceleraron la designación del reemplazante de Hernán Patiño Mayer.
El fue pensado en la Casa Rosada para el pampeano Rubén Marín, senador oficialista hasta diciembre, quien rechazó la oferta en varias ocasiones. Allegados al ex legislador confirmaron a LPO que el último ofrecimiento fue hace sólo un par de semanas, y la negativa del ex gobernador no varió.
La insistencia en Marin no es caprichosa. Representa una línea interna del peronismo pampeano enfrentada a la del flamante senador Carlos Verna, antecesor y padrino político del gobernador Oscar Jorge.
Verna arribó a la Cámara alta junto a María de los Ángeles Higonet tras una campaña en la que desparramó críticas hacia los Kirchner (llegó a compararlo con Nerón), y anunció que ambos formarían una bancada separada de la oficialista.
Ya triunfante, con las cuentas en mano se anotició de que sin contar al dúo que lideraría, el Senado se dividía en 35 oficialistas y 35 opositores, o sea, podría definir la primera votación, cuando deben nombrarse las nuevas autoridades del cuerpo y de cada una de las 15 comisiones. Una rápida ocasión para exhibir una prueba de amor u odio hacia los Kirchner, reacios siempre a las posiciones intermedias.
Como cada vez que identifican un traidor, tras la elección del año pasado los Kirchner (Néstor, sobre todo) lanzaron el operativo para fortalecer al enemigo que le encuentren, cueste lo que cueste. Hacerlo mediante un reparto de cargos les permitía, además, evitar futuras reconciliaciones en los pagos chicos.
La Pampa no fue la excepción. El 10 de diciembre Silvia Gallego y Manuel Baladrón, cercanos a Marín, llegaron al final de sus mandatos como diputados nacionales con el futuro definido: ella asumió a los pocos días como directora del Banco Nación, y él en la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, órgano creado para controlar la aplicación de la polémica y ahora suspendida ley de medios.
Pero faltaba ubicar a Marín, quien por otra parte es nada menos que el presidente del PJ pampeano. Con la necesidad imperiosa de acorralar a Verna y a Jorge, dejarlo en su tierra sería demasiado riesgoso.
Ya desde mediados del año pasado, comenzó a recibir la oferta de mudarse a Uruguay, y al instante la rechazó. “Sólo me gusta tener cargos electivos”, se excusaba cada vez que lo consultaban en su provincia.
Pero su primera negativa no conformó a la Casa Rosada, donde continuaron pidiéndole para que cruce la orilla, incluso cuando Hernán Patiño Mayer ya había abandonado la Embajada, tras una desgastante gestión en la que debió ponerle el pecho a los cortes de ruta en Gualeguaychú en reclamo por las papeleras que empezaron a funcionar en la vecina costa uruguaya.
Ni siquiera la asunción de Hugo Mujica en la presidencia de Uruguay logró convencer a los Kirchner de buscar otro candidato. “La última vez que lo llamaron fue en los primeros días del año; insisten, pero él ya dijo que quiere reconstruir al peronismo”, contó una fuente cercana a Marín.
Verna, la clave para liberar reservas
Difícil que Marín y Verna hayan imaginado hace un año que la interna que una vez más protagonizaban en La Pampa sería la clave del reparto de poder en el Senado, y mucho menos, la llave del Gobierno para poder liberar dinero de las reserva y destinarlos a cancelar deuda.
El martes Verna llegará al Senado tras unas cortas vacaciones y allí comenzará a escuchar promesas de oficialistas y opositores, todos con sueños de sumar su apoyo y el de su socia para definir una votación.
Quizá para sacarse algo de presión, la única definición que tomó hasta ahora fue la de acordar pelear lugares en las comisiones con la chubutense Graciela Di Perna (leal al gobernador del peronista disidente Mario Das Neves) y la correntina Josefina Meabe (del Partido Liberal)
El jefe del bloque kirchnerista Miguel Pichetto no anduvo con vueltas: en diciembre le ofreció nada menos que la Comisión de Presupuesto. “La rechazó porque ese lugar debe ser para un oficialista”, contaron cerca de Verna.
Experimentado negociador, Verna no adelantó nada, y sólo sumó dudas y expectativas, vieja artimaña para subirse el precio. Por caso, consideró que el Fondo del Bicentenario no es una mala idea pero debería hacerse por ley y no por decreto, una marcha atrás impensada en el universo de los Kirchner.
La falta de una negativa tajante, alimenta esperanzas entre los kirchneristas, aunque la supuesta condición es un golpe bajo para la Rosada. Es que el decreto que creó el Fondo del Bicentenario puede empezar a funcionar con la venia de una sola Cámara, y una ley requiere de las dos. Y el oficialismo sólo puede aspirar a triunfar en el Senado. Sobre todo si tiene a Verna.
En enero, mientras rechazaba mudarse a Uruguay, Marín pedía los votos de sus coterráneos. “Nuestros legisladores realmente están en una posición incómoda y no sólo para ellos, sino también para el PJ de nuestra provincia, porque no somos un partido provincial sino, por el contrario, tenemos una dependencia del partido nacional", advirtió. Quizá, con esas declaraciones despejó algunos fantasmas en Olivos. (LPO)
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