Por Nicolás Salvatore13.02.2010
Una incipiente recuperación del PBI ha disparado en los últimos meses un veloz proceso de aceleración de los precios. Nicolás Salvatore.
El Gobierno ha dado su diagnóstico sobre el principal problema macroeconómico argentino: no hay inflación, tan sólo un reacomodamiento de precios. El problema es entonces más grave de lo que pensábamos. Estamos ante un caso de falta de sentido de realidad.
El fenómeno al que alude el Gobierno suele ocurrir cuando la economía sufre un shock “de una vez y para siempre”. Por ejemplo, la megadevaluación de 2002 generó un reacomodamiento de precios que no fue seguido de un proceso de aceleración inflacionaria en años subsiguientes, detalles al margen. Los economistas llamamos a este fenómeno “cambio de precios relativos”. Nada tiene que ver tal cosa con lo que estamos viendo actualmente: un proceso constante y sostenido de aumento de los precios, fenómeno que los economistas denominamos, simplemente, “inflación”.
Volvamos a la realidad. A la salida del escenario de “estanflación” (estancamiento con inflación) de los últimos dos años, una incipiente recuperación del PBI ha disparado en los últimos meses un veloz proceso de aceleración inflacionaria. Esto no sólo era predecible, sino también esperable. De eso se trata la estanflación, es una trampa. El problema no está en las características de la actual recuperación económica, sino en el escenario de estanflación previo.
¿Dónde estamos parados hoy? Decir la verdad es sano: a las puertas de un descontrol inflacionario. Según las estimaciones que llevamos adelante con Graciela Bevacqua en Buenos Aires City (UBA), la tasa de inflación muestra una marcada tendencia creciente, llegando en diciembre-enero a un alarmante ritmo de 25%-30% anual, y en aumento. Esta fatal espiral inflacionaria terminará de desestabilizar la macroeconomía y llevará a millones de argentinos a la pobreza. Por cierto, tal cosa no luce muy progresista.
El Gobierno puede, aún, detenerlo. ¿Cómo? Un buen primer paso sería reconocer el problema. Un buen segundo paso sería retirar la patota del PJ del INDEC, restituir en sus puestos a los que saben, y sincerar de una vez el severo problema inflacionario, recuperando algo de la reputación perdida. Luego sería deseable que el Gobierno, ya más creíble, “anunciara” en forma categórica la implementación de un plan antiinflacionario integral, en el que estén involucradas todas las herramientas de política macroeconómica disponibles.
Amado, Mercedes, no se trata de una receta “neoliberal” ni de un plan de ajuste. Les cuento. Se pueden establecer objetivos de desaceleración inflacionaria para los próximos tres años, hasta converger, por ejemplo, hacia un ritmo inflacionario de 10% hacia fines de 2012. El anuncio de dichas pautas será la señal de coordinación de expectativas para todos los formadores de precios y salarios. La adecuada utilización de las políticas fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos desacelerará paulatinamente la inflación, mientras el PBI crecerá dentro de un rango de 3%-5% durante estos años.
Dicto clases de Macroeconomía I en la UBA. Lo que acabo de describir lo enseño en la primera clase. Es una de las piezas más añejas de la política macroeconómica, la disyuntiva entre desempleo e inflación. Todos los países del mundo tratan de lidiar cotidianamente con ambos problemas en forma simultánea. El gobierno argentino, desde 2006 en adelante, nunca logró comprender algo tan elemental. Amado, Mercedes, tengo escrito todo el plan. ¿No quieren que les pase los detalles por e-mail?
* Profesor de la UBA, director de Buenos Aires City e investigador del CEDES
http://www.actiweb.es/gabyanatarot/
sábado, 13 de febrero de 2010
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