
En las paredes colgaban cuadros de ocasión, las características escenas de reminiscencias impresionistas. En la esquina del hall sobresalía un jarrón desbordante de flores. Y en el sillón de cuero, en la antesala de la habitación donde se recuperó de la intervención de carótida, Néstor Kirchner lucía una placidez atípica en su carácter. Fue entonces cuando sorprendió con una confesión: temía ser “traicionado” por los intendentes justicialistas del conurbano y prometía ir en busca de nuevas alianzas, al tiempo que en una suerte de autocrítica se reconocía aislado en un puñado de dirigentes.
Su interlocutor se marchó por la avenida Juan B. Justo convencido de haber asistido a las certezas de “un tipo expuesto a su vulnerabilidad de la vida”, según se lo relató luego a Crítica de la Argentina. Todavía conserva la certidumbre de haber asistido a la expresión de un punto de inflexión. Las consecuencias políticas de una realidad biológica. Otros kirchneristas, en cambio, son más escépticos y sospechan que la apertura de Kirchner durará lo mismo que su recuperación, que sólo fueron concesiones de un convaleciente. Y luego, cuando la dinámica del enfrentamiento político aleje la sensación de vulnerabilidad, regresará al búnker político donde se siente seguro.
El kirchnerismo menos identificado con el PJ formal se entusiasmó con las señales llegadas desde el sanatorio. Sobre todo con su crítica a “encerrarse en el PJ”. Pero la realidad política del Gobierno marca otro presente.
“Los ministros se enteran de las decisiones durante el acto de anuncio, no hay debate político ni estrategia, la única discusión es entre Néstor, Cristina y Zanini”, se lamentó ayer un ocupante de la Casa Rosada, que había recibido con escepticismo las confesiones de Kirchner.
En el hall de su habitación, a metros de la cama donde se recuperó de la intervención en su arteria carótida derecha, el ex presidente envió a sus visitantes señales de transformación y prometió que se reflejarán en el Congreso, donde a partir de marzo ocupará su banca de diputado.
Entre las revelaciones menos esperadas del sanatorio sobresalió el temor de Kirchner a una “traición” de los jefes comunales del conurbano y su inclinación a ensayar nuevas fórmulas políticas. Cada vez más frenéticamente, Kirchner trabaja en Buenos Aires para mantener la trama de intendentes que lo sostienen y aislar las expresiones de disidencia que se expanden a lo largo del tejido peronista.
Tal vez en función de su aprensión, el titular del PJ dio muestras de abrirse a otros acuerdos. Desde el sanatorio, incluso mandó un mensaje a Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete que actualmente busca construir una alternativa con los retazos dejados en el camino por los quiebres del oficialismo. “Te dio la razón, dijo que tal vez el candidato para 2011 debía ser otro, alguien más joven”, endulzó los oídos de Fernández otro visitante que dialogó con Kirchner en la clínica. Nadie se entusiasmó. Las promesas dichas al calor de una cirugía pueden evaporarse como las gotas caídas sobre el asfalto tras un aguacero de verano.
Críticas por la compra de dólares
La ex ministra de Economía, Felisa Miceli, criticó ayer al ex presidente Néstor Kirchner por haber comprado dos millones de dólares en un mes en el que la divisa norteamericana tuvo un alza en su cotización en relación al peso.
En declaraciones a radio América, la ex funcionaria subrayó que desde la Rosada “se maneja información privilegiada que no debe usarse para cuestiones personales” y sentenció: “A mí personalmente no me gustó, no me pareció bien”.
En tanto, Miceli sufrió un nuevo revés judicial en su intento por evitar el juicio oral y público en su contra, por haberse encontrado en su despacho una bolsa de dinero en junio de 2007. El Tribunal rechazó recursos de casación y pedidos de inconstitucionalidad contra el rol que cumplió la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (FIA) y el fiscal federal Guillermo Marijuan
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