Rendido en su escritorio, con el Río de la Plata como fondo, rodeado de pantallas con noticieros y diarios online que mostraban la cara de Mercedes Marcó del Pont, el N°1 de una empresa de servicios públicos enumeró la semana pasada, ante LA NACION, algunas de las estrategias que tiene para este año. El plan pareció razonable aunque, probablemente, tampoco aportará soluciones a los problemas que sufre su sector. "Esto, por lo menos, hasta que se vayan estos locos", remató. En una multinacional de consumo masivo fueron infinitamente más breves y gráficos: "Es muy simple: en Brasil invertimos en plantas, en la Argentina sólo renovamos productos. Esa es la diferencia".
Pocas veces se ha visto en los empresarios argentinos semejante nivel de pesimismo. El reemplazo de Martín Redrado por Marcó del Pont en el Banco Central significó para muchos, más allá de los nombres, el derrumbe del último resguardo de lo que el establishment considera "administración racional". No tanto porque descuenten un recrudecimiento de la devaluación, que también evalúan, como por cuestiones explicables en un lenguaje caro al mundo corporativo: el de los símbolos.
Un lobbista de la industria automotriz, por ejemplo, lamentará la partida de Redrado porque era, dice, el único funcionario de peso dispuesto a reunirse cada vez que venían representantes de su casa matriz europea. "El hablaba inglés, tenía modales, sabía agarrar los cubiertos. ¿Ahora con quién los voy a sentar?", sostuvo.
Tanto desprecio hacia el núcleo en donde se toman las decisiones del país queda reforzado en contactos frecuentes con funcionarios relevantes que muestran, cada vez más explícitamente, desaprobación a los pasos de la Casa Rosada. Julio De Vido es, probablemente, el hombre que más secretos kirchneristas se llevará a la tumba. Pero ya no oculta sus diferencias. Está molesto con su colega Amado Boudou, a quien acusa de haber manejado la crisis del Central con desempeño "amateur". Tampoco estuvo cómodo el día en que le pidieron -entre las virtudes franciscanas, De Vido ha elegido la obediencia- que amenazara, en conferencia de prensa, con la estatización de Telecom, tema que prefiere encarar de otra forma.
Tal vez como nunca desde 2003, el arquitecto parece recluido en las áreas que lo incumben. Citó por ejemplo, el viernes por la mañana, a los principales ejecutivos de las eléctricas Edesur, Edenor, Edelap y Transener, a quienes felicitó por el desempeño de las compañías en la crisis que, desde la semana pasada, empezó a ubicar lejos de la energía: "Crisis climática", la llamó.
Entonces, si Redrado ya no está, si De Vido ha decidido dedicarse a la meteorología, si Boudou tiene el peso político de un ordenanza de Balcarce 50 y si, para peor, queda nada menos que un año y medio para el próximo gobierno, ¿qué hacer?, se preguntan los empresarios. La respuesta más elocuente pertenece a un industrial que la tomó, en realidad, del paso del radical Ernesto Sanz por la última conferencia fabril: "Es la hora de resistir".
Semejante postulado supone toda una actitud para los próximos meses. Por ejemplo, que no habrá un centavo de inversión. O que las alianzas del establish-ment , gusten o no en Olivos, seguirán siendo las mismas. "La pelea con Clarín ya tiene un ganador, el ganador de siempre: Héctor Magnetto -ejemplificó un empresario de buena relación con los Kirchner-. ¿Hay alguna duda de cuál de los dos va a terminar preso?" Un industrial apuntaló: "El famoso partido judicial va a retrasar todo. Si Kirchner no resuelve el tema con Clarín antes de marzo de 2011, cuando empiece la sucesión, está terminado".
El peligro, entonces, será cómo convivir con el león herido. Quienes conocen a Néstor Kirchner saben que, por ejemplo, nunca ha sido amigo de las PC: sus conclusiones más íntimas quedan lejos de los curiosos, plasmadas en letra diminuta, con birome Bic, en cuadernos Arte. Pero esa desconfianza ha alcanzado ya niveles enfermizos. Cammesa, la administradora del mercado eléctrico, acaba de incorporar un software que controla absolutamente todos los pestañeos de sus directivos. "Nadie se anima ni a levantar el teléfono", explicó un ejecutivo.
El rasgo no es sólo psicológico sino también político. Se viene, razonan los empresarios, una fuerte alianza con el sindicalismo, el único sector poderoso en que podrá recostarse el kirchnerismo. "Vamos a tener reclamos salariales del 25 por ciento", aventuró un abogado que acababa de recibir la queja de una manufacturera alemana con pocas ganas de ceder ante los crecientes requerimientos gremiales. Les explicamos que perdemos productividad y que vamos al cierre, y nos contestan que no les importa -le dijeron- . Esto no nos pasa ni en la India . De ahí, también, los augurios inflacionarios reforzados con la llegada de Marcó del Pont.
folivera@lanacion.com.ar
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domingo, 7 de febrero de 2010
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