
LA CRISIS QUE DESATÓ LA MUERTE DE DOS JÓVENES
Allegados de los chicos muertos juntan firmas para exigir la remoción del intendente. Susana Viau
28.03.2010
Por Susana Viau
“Creyeron como el carancho que estaba la vaca muerta y cuando la fueron a picotear se encontraron con que estaba viva. Se probaron el traje y convocaron a una marcha destituyente”. La reflexión gauchesca no pertenece a Benito Lynch sino al jefe comunal de Baradero, Aldo Carossi. Tampoco la acuñó el pasado 21, cuando una pueblada sacudió la tranquilidad del pueblo. La elaboró el año pasado, en agosto, tras enfrentar un conflicto gremial que acabaría en la toma del municipio. Al intendente Carossi le ocurrió lo que a Pedro con el lobo: de tanto llamar a la desgracia, el domingo anterior la ira de los baraderenses carbonizó buena parte de la intendencia y tres días después los compañeros de los dos adolescentes muertos, según se afirma, por el roce intencional de una camioneta de la Dirección de Tránsito, están ahí, a unos pocos metros de su despacho, en el cruce de San Martín y Rodríguez, juntando firmas para lograr su remoción.
Para no cocinarse al rayo del sol, los jovencitos de la escuela técnica Batalla de la Vuelta de Obligado van y vienen de la mesa de firmas a la sombra de la Plaza Mitre. Baradero tiene pocos árboles por culpa de la modernidad que en los 60 los erradicó de las dos calles más trasegadas, San Martín y Anchorena. “¡El casco! ¡El casco!”, les gritan los chicos a los motoristas, porque junto a la recolección de firmas han iniciado una campaña de seguridad vial. Los motoristas firman. Firman los que usan casco, los que no lo usan, los automovilistas y los contados peatones que al mediodía circulan por la zona. En 48 horas han reunido 5.000, una hazaña en un pueblo de 30 mil almas, 24 mil de las cuales viven en el casco urbano. En el Vuelta de Obligado las clases se flexibilizaron durante la semana de duelo y la dirección adoptó una decisión salomónica respecto a las faltas: tomó asistencia en el puesto de las firmas.
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