domingo, 28 de marzo de 2010

El ministro no lo admite: la inflación es hambre

28.03.2010
Por Fernanda Reyes
Podría discutir horas con Amado Boudou argumentando técnicamente por qué el aumento de precios se trata de inflación y no de un “reacomodamiento de precios”, como sostiene el ministro. Sin embargo, creo que esa discusión intelectual se torna insignificante cuando la realidad es mucho más contundente y no admite eufemismos ni expresiones que la suavicen. La inflación es el impuesto más regresivo y voraz de todos porque es pagado por toda la población. Pero, sobre todo, perjudica a los sectores más vulnerables, reduciendo los salarios, las jubilaciones y las asignaciones sociales y deteriorando, así, la capacidad de compra de los más pobres.
En un país donde la pobreza afecta a más del 30% de la población, donde el 80% de los jubilados cobra el haber mínimo, de 895 pesos, donde el 40% de los trabajadores están en negro y el 40% de los niños son pobres, el Gobierno no puede ocultar la inflación con el eufemismo de una “tensión de precios”. Hay que decirlo con todas las letras: la inflación es HAMBRE.
Los principales aumentos se produjeron en la canasta básica de alimentos. Mientras tanto, para el Gobierno, sólo hay un “acomodamiento estacional de los precios”, debido a los incrementos de la carne. Nadie quiere un ajuste y, aunque lo niegue, el Gobierno optó por implementarlo vía inflación.
El hambre es un delito y la inflación, hoy, es su principal arma. El Poder Ejecutivo debería hacer el ejercicio de hablar con quienes padecen las consecuencias de la negación sistemática que hacen de la realidad, en vez de intentar llevarnos a su “país virtual”.
Reservas, canje, deuda pública, crecimiento del producto, superávit fiscal… La economía no es una ciencia exacta y es bueno que no se la entienda así. Lo que no puede ocurrir es que sea ciega.
*Diputada nacional de la Coalición Cívica

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