Miércoles 24, Marzo 2010
Advirtió que si la Justicia no falla a favor del Gobierno en determinadas causas, recurrirá a "organismos internacionales". Es decir, saltear a uno de los poderes del Estado.
La presidenta Cristina Kirchner acaba de dar un largo paso adelante en su enfrentamiento con los jueces que no hacen lo que ella quiere. Advirtió que, si la Justicia no falla a favor del Gobierno en determinadas causas, recurrirá a "organismos internacionales" para lograr su objetivo.
Es decir, saltear a uno de los poderes del Estado que ella misma gobierna.
La advertencia se hizo en el marco discursivo de la necesaria lucha por la defensa de los Derechos Humanos y de los juicios contra militares que participaron de la represión ilegal durante la dictadura. Sin embargo, responde a una política cuyo alcance excede ampliamente la cuestión: es una escalada contra el único Poder del Estado, el Judicial, que está en condiciones de poner límites al Ejecutivo.
Los "ataques" desde la cima del Ejecutivo aparecen cada vez que algún juez falla de modo diferente a los deseos de la Presidenta. Ella habló de magistrados "que se alquilan" y acusó a la jueza Claudia Rodríguez Vidal de ser "la pareja" de otro juez, Ernesto Marienlli, como si estuviera revelando un delito. Otro oficialista, Miguel Pichetto, amenazó con llevar a juicio político a otro magistrado remiso a fallar a su favor en la caso de la integración de una comisión. El juez Lavié Pico tomó nota y resolvió rápidamente a favor del oficialismo.
La reacción oficial en estos casos –citados apenas como muestra- fue absolutamente opuesta en otras causas, donde el resultado favoreció al Gobierno. Sólo como ejemplo: no fue "alquilado" ni "víctima de poderes extorsivos y mafiosos" el juez Norberto Oyarbide cuando cerró la investigación sobre el enriquecimiento ilícito del matrimonio.
Tampoco era oscuro defensor de inocultables intereses el juez Federico Faggionatto Márquez cuando citó a indagatoria al opositor Francisco De Narváez en plena campaña electoral, un caso del que no volvió a hablarse. Es más: ahora mismo, en pleno jury de enjuciamiento por una treintena de causas, Faggionatto fue defendido por los operadores del kirchnerismo.
Es claro que desde el Gobierno no se mide con la misma vara a los jueces que están a favor que los que fallan en contra. Lo que dijo ahora la Presidenta es un nuevo paso en el mismo sentido.
La advertencia de "saltear" a los tribunales de Argentina si no fallan en el sentido que quiere el Gobierno en determinadas causas es, a la vez, un método ya empleado por el Gobierno con el Poder Legislativo: durante seis años, el Congreso tuvo tal mayoría oficialista que nunca hubo problemas en sancionar leyes. Se las refrendaba "como en una escribanía", según al queja de los opositores. Pero ahora, cuando los opositores son mayoría y el Congreso puede votar distinto a lo que piensan en el Gobierno, se aplica el mismo método: saltear al Poder Legislativo, gobernar a través de decretos de necesidad y urgencia, y advertir que si una ley llega será vetada.
La estrategia oficialista podría resumirse así: cualquier instancia que ponga límites debe ser salteada. A cualquier precio.
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