
Derechos humanos
Imprimir Enviar En la SIDE, cuatro directivos trabajan allí desde los '70 y nadie les pide explicaciones
viernes, 26 de marzo de 2010
Hay formas y formas de leer el pasado, de digerirlo, de aprender de él. Lo que no se puede es tacharlo. Así como se están revelando los antecedentes, como supuesto espía en la dictadura, del director de Inteligencia del Ministerio de Defensa, Carlos Aguilar, se vienen ignorando otros casos igual de notables: al menos cuatro directivos clave del Sistema Nacional de Inteligencia provienen de los años oscuros. Hasta ahora nadie les pidió explicaciones.
La denuncia contra el actual director de Inteligencia de Defensa sostiene que fue personal civil de Inteligencia entre 1980 y 1983, asunto que pone en duda su continuidad. Pero hay mucho más que eso. De acuerdo a la Ley de Inteligencia sancionada por el Congreso en diciembre de 2001, el área que conduce Aguilar reporta a la Dirección de Inteligencia Estratégica de la SIDE, una de las patas de la Secretaría de Inteligencia.
¿Y quién conduce esa dirección? Su apellido es Michell, le dicen "La Negra", y es agente orgánico de la Secretaría desde "al menos 1975", según confiaron fuentes del organismo. Traducción: la jefa de Aguilar también viene de la época de la dictadura, aunque a ella nadie le pidió explicaciones.
Y eso no es todo. La SIDE, a diferencia de otros organismos públicos, mantiene su secreto a rajatabla para evitar la mirada de extraños. Eso evita al gobierno de los Kirchner enfrentarse al dilema sobre qué hacer con el pasado.
La actual directora de la Escuela Nacional de Inteligencia, que funciona en un coquetísimo palacete de Barrio Norte, es también una agente que se inició durante la dictadura militar, por cierto cuando era apenas una aprendiz. Se trata de la directora Adriana Cucobas, muy conocida en el ámbito de la Justicia ya que fue una de las analistas que colaboraron en la investigación del atentado terrorista a la AMIA, en 1994.
Cucobas trabajó en lo que se conoció como Sala Patria, un grupo élite de la SIDE que instaló la tesis que apuntó al gobierno de Irán como el instigador del ataque y que involucró, en lo que se considera una trampa, a miembros de la Policía Bonaerense como supuesta conexión local.
Un secreto muy conocido
¿Puede el Gobierno ignorar esto? De ninguna manera. No sólo porque Michell y Cucobas tienen cargos muy altos en la SIDE -son de hecho una segunda línea de mando-, sino también porque el máximo exponente del organismo es también otro nacido y criado en los setenta al que nunca se le pidieron explicaciones. Hablamos de Jaime Stiusso, el más famoso de los espías, cuyo ingreso al organismo se concretó en 1973, cuando era todavía un muchacho humilde e inocente de San Justo que acababa de terminar el secundario.
El poder de Jaime, intacto o en aumento en los años del kirchnerismo, nunca fue puesto en duda a pesar de ese antecedente y de las políticas oficiales en contra de todo lo que haya siquiera rozado la represión del Estado. El cargo de Stiusso es director general de Operaciones, el puesto de mayor rango dentro de los funcionarios de carrera, sólo debajo del jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga, y el vice, Francisco "Paco" Larcher. Jefe y vice son "pingüinos" nombrados por los Kirchner.
Un último hombre se agrega a la lista, sin duda mucho más extensa. Es el del actual jefe de Operaciones Especiales de la SIDE, conocido por su apodo de "El Gordo Miguel", especialista en investigaciones complejas y responsable, por caso, de intentar resolver secuestros extorsivos o grandes golpes delictivos. El Gordo Miguel fue chofer personal del jefe de la SIDE durante la dictadura. Sus viajes hacia el centro clandestino de Orletti, la base de operaciones del Plan Cóndor, nunca fueron motivo de investigación judicial. CC

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