jueves, 1 de abril de 2010

Hipocresías con el impuesto al cheque

jueves, 01 de abril de 2010
Opinión
Imprimir Enviar El Gobierno no puede derogarlo porque afectaría sus finanzas y la oposición no plantea opciones. La salida, tal vez, sea aumentar el impuesto al tabaco.
Cuando en el año 2000 el ex ministro Cavallo propuso la creación del impuesto a los débitos y créditos bancarios (conocido como impuesto al cheque), argumentó la necesidad financiera del momento, copiando un modelo similar que había creado Brasil.
Este impuesto al cheque es muy fácil de recaudar porque son los bancos los que hacen las retenciones correspondientes y las depositan al fisco. Es tan fácil de recaudar como el que grava a los combustibles o el tabaco.
El único problema es que es un impuesto altamente distorsivo ya que es incorporado a los costos en cada paso de la cadena de negocios y es probable que más del 10% del precio final de un producto sea el resultado del efecto cascada de este gravamen.
Brasil lo mantuvo igual que la Argentina durante tres años, hasta que pasaron los efectos de su propia crisis. Luego, no quisieron derogarlo al ver el importante efecto que tenía sobre las cuentas fiscales por su facilidad recaudatoria, pero para quitarle el efecto distorsivo, pasaron a tomarlo “a cuenta” del impuesto a las ganancias. Es decir, transformaron un gravamen distorsivo en otro progresivo.
En nuestro país, siempre en crisis, nunca se quiso modificar su esencia, pero se aceptó coparticipar una pequeña porción con las provincias. Esa pequeña porción no alcanza al 20% del total y ahora los legisladores de la oposición pretenden que coparticipe totalmente, tal cual se hace con el resto de los impuestos.
El Gobierno nacional se niega, ya que argumenta que se quedaría sin recursos para financiar a las provincias por otros programas. De hecho, esta paralizado el Programa de Ayuda Financiera, por el cual la Nación asistiría a las provincias en casi 12.000 millones de pesos este año, a la espera de los resultados de la puja en el Congreso.
En el medio de toda esta confusión, la Presidenta anunció el lunes que quiere derogar el año próximo este impuesto y dejó helados a los gobernadores con una apuesta de máxima.
Parafraseando la vieja frase de Leandro Alem “que se quiebre pero no se doble”, la Presidenta
dice “que se derogue antes de tener que coparticiparlo”.
La realidad es que, por el estado de las finanzas nacionales, el Gobierno no podría prescindir ni este año ni el próximo del impuesto al cheque salvo que este dispuesto a eliminar subsidios, lo que impactaría sobre los precios de los servicios.
Con mucha inocencia, pero también con mucha torpeza, la oposición quiere llevar al Ejecutivo a un brete en el que los Kirchner no se van a meter ni locos. Para ellos, de aquí hasta el fin de su mandato, la filosofía es aumentar el gasto y la expansión monetaria y cederle el honor de los ajustes al próximo gobierno.
La solución más equilibrada para las provincias sería que el producido del impuesto cheque sea tomado a cuenta de IVA y ganancias. De esta manera, aumentaría la masa coparticipable para las provincias, habría más fondos para la Anses, que se queda con el 15%, se eliminaría el efecto distorsivo sobre la economía y el Gobierno podría disminuir sus asistencia a las provincias en la misma proporción que estas aumenten el ingreso.
Pero esta propuesta, que parece viable, realista y sensata choca contra realidades políticas. Si el Gobierno acepta esta postura, perdería poder discrecional para imponer su voluntad a los gobernadores.
A su vez, los mandatarios (sobre todo los más cercanos) no recibirían tantos fondos como ahora. Y el conjunto debería enfrentarse a otra realidad. ¿Deberían seguir recibiendo los fondos procedentes de las retenciones a las exportaciones de soja, que este año serán récord.
Todo está tenido de hipocresía y baja política y es dudoso el final de esta historia, aunque hay algunas certezas. La primera es que los Kirchner no negociarán jamás el poder de fuego de la caja. La segunda es que el impuesto por ahora no se puede derogar totalmente. Incluso la oposición no aporta mayores iniciativas.
Un rubro que nadie se ha animado a tocar es el impuesto al tabaco. Dentro de nuestra hipocresía, subsidiamos la producción de tabaco, tenemos los precios más bajos de cigarrillos del continente, pero perseguimos a los fumadores como enemigos públicos. Hoy hay más aceptación social y comprensión al consumo de droga que al de cigarrillo.
Una iniciativa importante sería aumentar fuertemente los impuestos al tabaco. Hoy representan más del 70% del precio de venta, que a su vez es muy bajo comparado con otros países. Si el Gobierno quisiera, podría aumentar este impuesto un 100% en dos o tres etapas y no creo que haya movilizaciones populares contra el aumento de estos precios. Con esto se podrían conseguir unos 3.000 millones adicionales sin repulsa popular (al menos explícita).
Falta pensar y querer encontrar soluciones idóneas. Hoy el impuesto al cheque no es más que un instrumento de la batalla política, por lo cual su discusión está teñida de hipocresías. Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

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